El estrés envejece tu piel. - Dérmacy
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El estrés envejece tu piel.

El estrés envejece tu piel.

Uno de los dichos populares más escuchados es aquel de «la cara es el espejo del alma», y no podía ser más acertado. Quizás el que pronunció esas palabras por primera vez, lo hizo pensando en sentimientos y hasta en el carácter a través de los gestos, pero es muy posible que no imaginase que este reflejo ocurriría de forma tan literal y física que afectaría incluso al aspecto y salud de nuestra piel. Aunque, claro, tampoco viviría en una época en la que el estrés se erigiera como el rasgo principal de la rutina y estuviese normalizado sufrirlo a diario y en exceso. Y es que, la ansiedad, los agobios y preocupaciones y la falta de sueño que nos produce no pasan en balde. He aquí la explicación a esa arruga prematura, ese granito tardío o esa alergia repentina a la que no le encontramos sentido. Porque si el estrés nos daña en todos los aspectos y ámbitos de nuestra vida, no iba a quedarse atrás en el mundo de las emociones, y no pasar factura primero a la piel del rostro.

IRRITACIÓN, ACNÉ Y ENFERMEDADES DE LA PIEL

Cuando padecemos ansiedad y estrés de forma continuada nuestro cuerpo libera histamina, que está relacionada con la respuesta alérgica. Junto a ella, también se genera una mayor producción de adrenalina y cortisol, que producen desajustes hormonales y debilitan nuestro sistema inmunológico. Estos desequilibrios acaban provocando la aparición de picazón y enrojecimiento, urticarias, que más bien parecen una alergia por contacto y que provocan la necesidad de continuo rascado, llegando a formarse heridas o rosáceas. A esto hay que sumar que, al verse afectado nuestro sistema inmunológico, aparecen herpes y calenturas, dermatitis y psoriasis o el empeoramiento de esta enfermedad. Por su parte, estas alteraciones hormonales descontrolan también la producción de grasa en la piel, haciendo que aparezcan pequeños granitos, que además se agravan por la producción de cortisol, más particularmente.

Es fundamental conservar la piel limpia para que estas inflamaciones no empeoren y sobre todo para mantener a raya la grasa y, en consecuencia, el acné. Por ello, limpiaremos a fondo la cara cada mañana, para eliminar las toxinas liberadas durante la noche. También al acostarnos, para desmaquillarnos, y librar a nuestra piel de la contaminación. Además, es bueno exfoliar la piel una vez por semana para deshacernos de las células muertas, cuya acumulación impide la renovación de la piel.

ENVEJECIMIENTO PREMATURO

Pero no sólo por esto el cortisol es el principal responsable de que el estrés se convierta en el enemigo número uno de la piel. La producción de esta hormona provoca que se descompongan el colágeno y la elastina a un ritmo mucho mayor del correspondiente de forma natural, lo que da como resultado la aparición temprana de arrugas y líneas de expresión. Además, la ansiedad también hace que se destruya el ácido hialurónico y daña el ADN celular, afectando, de forma concreta, a la parte encargada de controlar el envejecimiento de las células. Esto hace que estas mueran, se dañen más rápidamente o que sus procesos de renovación celular se vean ralentizados y la piel tenga aspecto apagado y mucho más envejecido.

Si por algo además es famoso el estrés es por afectar directamente a nuestro sueño, haciéndonos dormir poco y sin dejarnos descansar, lo que produce la aparición de bolsas y ojeras que sólo contribuyen a envejecer aún más nuestro aspecto. Eso sin contar que la falta de sueño también es otro de los factores que intervienen en la adecuada regeneración celular, lo que colabora en la aparición de arrugas y en la perdida de luminosidad. Por eso, aunque suene típico, procura dormir siempre un mínimo de 8 horas. Para conseguirlo, ya que la angustia nos desvela, procura no cenar más tarde de las nueve y media y dedica después una hora para ti y para relajarte.

DESHIDRATACIÓN Y SEQUEDAD

Sin duda, esta es la consecuencia más grave de la ansiedad para nuestra piel, sobre todo porque en torno a ella se construye una especie de círculo vicioso. Y es que, la deshidratación no sólo empeora esas inflamaciones de la piel, sino que también es uno de los desencadenantes directos del envejecimiento, pues un rostro seco pierde su jugosidad, volviéndose flácido y tirante en algunas zonas, haciendo que las líneas de expresión se marquen de forma inevitable. Esto se debe a que cuando sufrimos estrés de forma continuada, este ralentiza la circulación sanguínea, lo que provoca que no llegue a la dermis la cantidad de nutrientes que necesita para mantenerse sana, joven y húmeda. A su vez, el agua en la piel se evapora con mayor facilidad y termina destruyéndose esa barrera hidralipídica que evita que la piel se deshidrate y la protege contra los agentes externos.

Mantén la piel hidratada, aplicando a diario, por la noche y por la mañana, una hidratante formulada con ácido hialurónico, ya que es el activo que mejor capta y mantiene el agua. Además, intenta beber unos dos litros de agua al día. Vigila y mantén este hábito en invierno, época en la que lo descuidamos porque sentimos menos necesidad de beber.

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